
Soberanía, la línea roja de México frente a Trump en la renegociación del T-MEC
Gerardo OlveraCIUDAD DE MÉXICO.— En la renegociación del T-MEC hay asuntos que México está dispuesto a revisar y otros que, para el gobierno de Claudia Sheinbaum, ni siquiera están sobre la mesa. La frontera de esa negociación tiene un nombre: soberanía.
“No vamos a firmar nada que tenga que ver con una afectación a nuestra soberanía”, afirmó este miércoles la presidenta al explicar el estado de las conversaciones comerciales con Estados Unidos.
La definición marca uno de los principales límites de México frente a la administración de Donald Trump, en momentos en que Washington busca modificar las condiciones comerciales con sus socios de América del Norte y presiona para recuperar producción industrial dentro de territorio estadounidense.
Los 54 puntos que Washington puso sobre la mesa
Sheinbaum reveló que Estados Unidos presentó a México una lista de 54 barreras no arancelarias como parte de las conversaciones. Sin embargo, la presidenta explicó que no todos los puntos tienen el mismo peso para su gobierno.
La lista se divide, según explicó, entre asuntos que pueden ser atendidos mediante acuerdos técnicos y aquellos que involucran decisiones que corresponden exclusivamente a México.
Entre los primeros mencionó el reconocimiento por parte de Cofepris de determinadas patentes de medicamentos aprobadas por la FDA, además de medidas relacionadas con propiedad intelectual y el combate a la piratería.
Pero cuando una exigencia implica que México modifique decisiones que considera propias de su soberanía, la respuesta es distinta.
“Hay cosas que le corresponden solo a los mexicanos determinar”, sostuvo.
La presidenta aseguró que la mayoría de los 54 puntos ya están resueltos, aunque evitó revelar cuáles permanecen pendientes o cuáles representan mayores diferencias con Washington.
Aranceles: la batalla inmediata
Mientras mantiene esa línea roja política, México busca obtener resultados concretos en el terreno económico.
La prioridad es reducir los aranceles que actualmente afectan productos mexicanos como acero, aluminio y automóviles, medidas que Sheinbaum calificó de injustas por su impacto sobre la economía nacional.
A la par, el gobierno mexicano intenta impedir que Estados Unidos imponga nuevos gravámenes bajo el argumento de la llamada “sobrecapacidad” industrial, una de las preocupaciones que podrían modificar nuevamente las condiciones de acceso al mercado estadounidense.
El objetivo, en otras palabras, es negociar lo que pueda negociarse sin aceptar condiciones que impliquen una pérdida de margen de decisión para México.
Trump quiere producción en Estados Unidos; México apuesta por el Plan México
Detrás de la discusión arancelaria existe una disputa mayor sobre dónde se producirá y quién se beneficiará de la nueva etapa de industrialización de América del Norte.
Sheinbaum reconoció que Estados Unidos tiene derecho a impulsar políticas para atraer producción hacia su territorio. Sin embargo, planteó que México también tiene una estrategia propia: el Plan México, con el que busca fortalecer la producción nacional y atraer inversiones.
La condición mexicana es que la política industrial estadounidense no termine desplazando a los productores mexicanos.
“Que no sea a costa de la producción de México, del bienestar del pueblo de México”, planteó la presidenta.
Una negociación bilateral, aunque México aún apuesta por el T-MEC trilateral
Por ahora, las conversaciones no se desarrollan en una sola mesa. Estados Unidos decidió negociar por separado con México y Canadá.
Sheinbaum aclaró que México mantiene su propio diálogo con Washington y que no intervino en las diferencias surgidas entre Estados Unidos y Canadá.
Pese a ello, la presidenta sostuvo que México mantiene como objetivo conservar el acuerdo comercial trilateral, al considerar que la integración de los tres países fortalece la competitividad de América del Norte.
“Ojalá se llegue a un acuerdo con Canadá también”, dijo.
Así, mientras la negociación avanza por carriles separados, México intenta preservar el destino común del T-MEC sin aceptar que las condiciones para permanecer en él impliquen poner en juego decisiones que considera exclusivamente nacionales.
La apuesta de Sheinbaum es clara: negociar aranceles, reglas comerciales y barreras técnicas, pero mantener la soberanía fuera de cualquier intercambio con Washington.


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