
Sheinbaum lleva el juicio contra Meta a las aulas: la adicción digital entra al debate escolar
Gerardo OlveraCIUDAD DE MÉXICO.— El regreso a clases de 28 millones de estudiantes abrió este lunes una discusión que va más allá de los útiles escolares, los uniformes y las aulas: el tiempo que niñas, niños y adolescentes pasan frente a la pantalla de un celular.
Durante La Mañanera realizada en la Secundaria número 10, en la alcaldía Cuauhtémoc, la presidenta Claudia Sheinbaum utilizó el reciente juicio contra Meta, la empresa de Mark Zuckerberg, como uno de los principales argumentos para defender la regulación del uso de dispositivos móviles en las escuelas mexicanas.
De los tribunales estadounidenses a las escuelas mexicanas
La mandataria hizo referencia al acuerdo alcanzado en Estados Unidos, donde Meta enfrentó acusaciones relacionadas con el diseño de sus plataformas y su impacto en menores de edad.
Sheinbaum sostuvo que la adicción generada por las redes sociales no fue un fenómeno accidental, sino consecuencia de mecanismos diseñados para mantener durante más tiempo a los usuarios frente a la pantalla.
“No fue algo que ocurrió, fue diseño deliberado”, expresó la presidenta al explicar a los estudiantes el sentido del caso judicial.
El costo de diseñar plataformas para no desconectarse
De acuerdo con la información presentada sobre el acuerdo, Meta aceptó pagar más de 17 mil millones de dólares para cerrar una demanda promovida por 29 fiscales estatales de Estados Unidos.
La empresa fue acusada de utilizar herramientas como el desplazamiento infinito, los “me gusta” y las notificaciones para fomentar un uso compulsivo de sus plataformas entre menores de edad, además de cuestionamientos relacionados con la recopilación de información de niños.
Como parte del acuerdo, Facebook e Instagram deberán establecer restricciones específicas para usuarios menores de edad, incluyendo límites de tiempo y horarios de acceso.
La pregunta que llevó Sheinbaum al salón de clases
Antes de hablar sobre Meta y su acuerdo judicial, Sheinbaum decidió preguntar directamente a los estudiantes sobre su relación con los celulares.
La presidenta les cuestionó cuántas horas al día utilizan sus dispositivos y si alguna vez han entrado a una red social con la intención de revisar algo durante unos minutos, pero terminan pasando largos periodos haciendo scrolling sin querer dejar la pantalla.
La escena colocó en el centro del debate una pregunta que las autoridades educativas comienzan a plantear: ¿el celular es solamente una herramienta tecnológica o un dispositivo diseñado para competir permanentemente por la atención de los estudiantes?
Regular el celular, más allá de prohibirlo
El argumento de Sheinbaum apunta a una discusión más amplia que la simple prohibición de teléfonos en las aulas. El reciente caso contra Meta ha puesto sobre la mesa la responsabilidad de las grandes empresas tecnológicas en los hábitos digitales de niñas, niños y adolescentes.
Para el Gobierno mexicano, el debate sobre los celulares en las escuelas comienza a vincularse no sólo con la distracción durante las clases, sino también con la salud digital y la capacidad de los estudiantes para desconectarse.
El regreso a clases abre una nueva batalla por la atención
Con millones de estudiantes de vuelta en las aulas, la discusión sobre la regulación de los dispositivos móviles adquiere una nueva dimensión.
Sheinbaum utilizó el caso de Meta para sostener que las escuelas no pueden permanecer ajenas a un fenómeno que ocurre fuera de ellas y que acompaña a los estudiantes durante gran parte del día.
La atención de niñas, niños y adolescentes se ha convertido así en un terreno de disputa entre la educación, las familias y las plataformas digitales.
El desafío: quién pone los límites
La regulación del uso de celulares en las escuelas plantea ahora un desafío para autoridades, docentes y padres de familia: establecer límites sin desconocer que la tecnología forma parte de la vida cotidiana de las nuevas generaciones.
El caso Meta, citado por la presidenta, introduce un nuevo elemento en esa discusión. Si las propias plataformas enfrentan procesos judiciales por la manera en que diseñan herramientas para prolongar la conexión de sus usuarios, la pregunta sobre el papel de las escuelas deja de limitarse a si los estudiantes deben o no llevar celulares al salón.
El debate comienza a transformarse en otro: cómo proteger la atención y el tiempo de niñas, niños y adolescentes en una era en la que permanecer conectado puede ser, precisamente, parte del diseño de las plataformas.


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